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Caminen juntos como hermanos

Queridos amigos y familia de MTA, En estos días de misión nos inspira el lema “Caminen juntos como hermanos” . Este también es nuestro anuncio en las visitas y especialmente en las actividades con niños y adultos. Por eso pensaba que un buen Evangelio que nos podía iluminar esta noche es el de los discípulos de Emaús que leímos recién. Ahí se nos muestran algunos elementos que hemos descubierto en estos días de MTA. Lo primero que se muestra es que Jesús se hace presente en el camino . Los discípulos de Emaús caminaban de un lugar a otro y ahí Jesús interviene. La manera de intervenir es caminar con ellos. Es un buen recuerdo de lo que experimentamos en MTA: a Jesús lo encontramos en el camino. Por eso mismo, después de MTA, aprendemos que ser cristiano no es ejecutar un plan, cumplir una doctrina sino sencillamente decidirse a caminar con Jesús . A veces más cerca, otra veces más lejos, pero caminar con Jesús. Que estos días de misión nos renueven en la decisión de caminar...

Emprender el camino de regreso

En este ano de la misericordia se nos invita a poner en esta especial atención. La elogiable iniciativa del Papa Francisco, sin embargo cae en el riesgo de tantas otras corrientes de la Iglesia y terminar siendo un lugar común. Ocurre cuando se escribe más de lo que se hace desde planteos más metafísicos que pastorales. Contradiciéndome a mí mismo, me dieron ganas de poner por escrito algo de lo que compartimos en la última Semana Santa con los Universitarios de Schoenstatt de Campanario. En aquella oportunidad la invitación era poder vivir en y de la misericordia del Padre. Esto tan bonito se vuelve problemático cada vez que no sabemos muy bien cómo hacerlo. Por eso se me ocurrió compartir un posible camino para experimentar la misericordia. ¿Qué es la misericordia (para mí)? Entrando en una doble contradicción valdrá la intención de invitarnos a preguntarnos qué es la misericordia. A menudo nos pasa, como personas y como Iglesia, que damos por sentado que todo el mundo entien...

Ahora que somos grandes

Ahora que somos grandes los matrimonios son los de los amigos y el juvenil beso nocturno es un te quiero para siempre. Y la casa de tus padres ya no es la tuya y tampoco la de ella. Porque sencillamente son grandes. Por eso los gastos –que no son menores-, las cuotas, ahorros y opciones. Ahora que somos grandes y ningún éxito personal alcanza para satisfacerse. Porque la vida es más que esa propia satisfacción y son otras personas. Porque siendo grandes los éxitos son con otros. Se responsabiliza por otros, se hace cargo de otros y se compromete por otros. Ahora que somos grandes las enfermedades no son la de nuestros padres y abuelos sino la tuya y la mía. Al punto que la muerte es una posibilidad que impone ser reconocida merodeando por esos puertos como fantasma nocturno o velero viejo que amarra a otros muelles. Ahora que somos grandes al pasado se mide en años que me hablan de ciudades, lugares y hasta países. Los minutos, las horas y los días forman semanas de c...

Yo he visto a mi Señor en Buenos Aires

Yo he visto a mi Señor en Buenos Aires. Anda muy de prisa y lee Clarin de parado. Lo vi desde niño caminando por Callao sorprendido al cinco cuatro dos y rezando ante el corazón. Lo vi estudiando en el Salvador conociendo, haciendo propio el mandamiento del amor. También dando una mano en las Villas generoso y solidario con los pibes ladillas . Lo encontré claro yendo a misionar: Antinaco, Corrientes y también en San Blas. Camina por Santa Fe cuando Ateneo detiene. Mira libros, pregunta precios, nunca compra: todo lo tiene. Doblando en Riobamba a marcha lenta, saludando al linyera y entrando al mil cincuenta. Rezando en el Santuario sin mucha prosa, ayuda y guía la Mater : Ella no es celosa. Comprando Cristo Hoy a la salida de misa. Lo vende la señora sin nombre, pero inolvidable sonrisa. Comparte comida con cartoneros: sopa en vaso de telgopor y cartón de plato, pero con fideos. A la noche caminado po...

Avísenle a María

El anuncio de mi vocación repentinamente me transformó en una persona pública. De este modo, algo tan íntimo como el encuentro con Dios que me invita a seguirlo desde el sacerdocio podía ser objeto de comentarios de cualquiera. Mi inserción en lo público tenía como buen antecedente mi trabajo en la Subsecretaría de Transporte de la Ciudad. Ahí algo tan íntimo y personal como mi propio trabajo podía ser objeto de comentarios de los mismos cualquiera. Recuerdo cómo en ese tiempo pasaba salidas, reuniones o cumpleaños explicando la conveniencia de que Santa Fe fuera doble mano o justificando que se achiquen las calles para crear ciclovías. Ahí y ahora uno se hace el indiferente, pero es indudable que esos comentarios no pasan desapercibidos. Recuerdo que una de esas personas que se atrevieron a comentar mi respuesta a la vocación fue uno de mis no amores adolescentes, María. La objeción que ella me transmitió a través de facebook era que estaba loco porque ser sacerdote era esta...