martes 14 de febrero de 2012

10 Momentos en los que mi madre se siente orgullosa de mi....

1. Cuando saco hielos y no sólo lleno las cubeteras sino que además saco hielo de la bolsa de Freddo donde almacena hielos que antes ella había sacado de las cubeteras.

2. Cuando me levanto antes de las nueve de la mañana. Este sentimiento se agranda cuando lo hago en fines de semana. Obviamente no cuenta cuando sigo de largo.

3. Cuando soy capaz de explicarle qué colectivo tomarse para llegar a esos lugares recónditos a comprar carne, fruta, verdura o lo que sea un poco más barato.

4. Cuando pongo el lavarropas solo, sin dejar acumular la ropa, calculando correctamente la cantidad de jabón en polvo que es necesario.

5. Cuando pongo el lavarropas sólo (y todo lo mismo que lo anterior), pero además distingo en cada lavado la ropa oscura de la clara.

6. Cuando paso unos días sólo y aprovecho el pan viejo tostándolo para una hipotética situación en que me den ganas de comer muchas tostadas.

7. Cuando como una comida y distingo si es casera o comprada antes de que ella haga la pregunta “¿se nota que es casero?”.

8. Cuando logro explicar en lenguaje llano y corrido temas de máxima complejidad como los descensos y las promociones o el carisma de Schoenstatt.

9. Cuando voy al supermercado y pago menos sumando descuentos, promociones y productos de segunda marca (pero muy buena calidad).

10. Cuando arreglo algún enchufe, levanto los tapones o alguna llave de luz… y esta reparación dura más de un día.

lunes 6 de febrero de 2012

Callao y Tucumán

Un lugar comun es... acostumbrarse al camino recorrido.

Caminar de Córdoba y Uruguay a Callao y Tucumán para la mayoría de los mortales no tendría demasiada poesía. Sin embargo, admito que para mi sí. Y mucha. Durante muchos domingos era el recorrido habitual que hacía cuando iba a misa a la iglesia del Colegio del Salvador. Antes de eso también era el recorrido que hacía cuando iba al colegio.

Volver a hacer ese camino para volver a ir a misa ahí me despertó en una infinidad de lugares comunes. Esto es, en muchas cosas o muchos lugares que para mi no querían significar demasiado pero que ahora le reconocía otro valor.

Ni bien salí de casa y doblé en Córdoba pasé por delante de ese edificio cuyo portero era igual al Kili Gonzalez. Tanto lo mirábamos que al final nos terminamos haciendo amigos. Bah, en realidad nos empezamos a saludar.

Pasos más adelante, siempre en esa misma cuadra, el quiosco que luego incorporó locutorio, fotocopiadora, regalos y ese tipo de chucherías para sobrevivir. El recuerdo viene ahora de cuando pasaba con Pedro y en una antipática competencia jugábamos a ver quién acertaba la cantidad de gente que habría dentro del local. Pedro, siempre amarrete ni bien se asomaba y confirmaba que no había nadie gritaba “viste Juan, no hay nadie como siempre, te gané”. Su festejo era totalmente suyo: no era festejado por mi ni por los dueños del local quienes sonreían de compromiso.

Al llegar a la esquina crucé la “zebra” sin pisar el asfalto. Era el juego que motivaba a mi hermano menor a cruzar la calle. No ganaba nadie, ganábamos todos: él era un prolijo cruzador de calles y yo lograba llegar a casa.

Siempre sobre la mano derecha de Córdoba me asombré con el edificio que crece sin parar en su esquina con Montevideo. Crece sin parar, pese a que desde hace un tiempo a esta parte siempre está por inaugurarse. En el medio, lamenté que el quiosco de diarios haya quedado escondido entre los andamios. Esto reavivó mi medida para cuando fuera jefe de gobierno porteño: eliminar esos quioscos que se apropian de la vereda.

En frente la cartelera pública que tapea la ex estación de servicio también oculta un tesoro de ese cotidiano andar. Me refiero a una especie de baranda que servía de descanso para cuando el semáforo se ponía en rojo.

En la esquina de Callao una librería cualunque reemplaza ese imprescindible parada de todos los mediodías: un local de jueguitos. La parada, vale aclarar, era siempre para mirar desde afuera. Con mi hermano mayor teníamos prohibida la entrada porque ese lugar era también cuna de múltiples mitos urbanos sobre la presencia de droga, vagos, todocomuneros y otros males.

Al llegar a Viamonte la sorpresa es doble. Por un lado la imponente “La Argentina” fue conquistada por un Starbucks. Buena metáfora del tiempo actual, la ex verdulería y frutería que sobraba alfombrando esa esquina fue reemplazada por un cafetería estadounidense. En la verda opuesta cómo olvidar esa zapatería. Fue tanta la emoción de encontrarme con Cei que tuve que cruzar y asomarme a la vidriera ¿Por qué tanto? Fue esa zapatería el primer acercamiento a la pornografía a través de sus vendedoras con piernas muy largas y/o polleras muy cortas.

Metros más adelante lamenté que el querible bar “El Salvador” haya sido reemplazado por un apretado edificio. En otra metáfora de estos tiempos, el Salvador es destruido por el negocio inmobiliario. La generosidad de mi madre me hacía jugar de local en ese lugar por ser alumno del colegio del mismo nombre.

Al llegar a la esquina me paré en diagonal a la iglesia y respiré hondo. Contuve alguna lágrima de emoción y leí la inscripción que está arriba de la iglesia: Jesucristo Salvador (en castellano). Hice la señal de la cruz y entré al templo. En el medio el ruego a Dios para que nunca me acostumbre a las delicias del camino recorrido y mucho menos el punto de llegada: Jesucristo, el Salvador.

martes 14 de junio de 2011

Síndrome de la Fecha 14

Un lugar comun es... la crisis de entre los 20 y los 30 años.


La fecha 14 en los campeonatos argentinos son como una bisagra. Marcan tanto en el rumbo de los equipos que hace poco tiempo -horas diría- elaboré esta teoría. La fecha 14 aproximadamente es cuando un equipo sabe para qué está. Algunos se perfilan como grandes candidatos al título. Otros empiezan a hacer números para ver cuántos triunfos hay que conseguir para entrar a alguna copa. Otros, que no son tan pocos, deben mirar la tabla de abajo con la preocupación que genera no sólo el descenso sino también la posibilidad de promoción. Una preocupación que radica, supongo yo, no tanto en el temor real de perder la categoría sino más bien en la vergüenza que genera estar ahí, haciendo números y poniéndose nerviosos por enfrentar... a un equipo de la B.

En sintonía con eso hacia esa fecha se replantean muchas cosas. Nada de lo que se viene haciendo será aceptado por el simple hecho de lo que se viene haciendo. Todo necesita ser re-explicado, re-pensado en función de los objetivos. Y ahí aparecen preguntas del estilo ¿Pueden Silvera y Parra jugar juntos? ¿Está bien que JJ López nunca ponga delanteros? ¿Es Funes Mori el delantero que necesita River? ¿Quién debe acompañar a Teo? Obviamente hasta ese momento los partidos disputados marcan que hay algunas respuestas. Pero eso ya nos sirve. Se abre un nuevo panorama en la competencia que exige volver a mirar. Incluso, esta estadísticamente probado, en estas fechas suelen ser frecuentes los cambios de técnicos. Suele pasar cuando se contrasta para qué estaba el equipo con la realidad. Bajo recriminaciones como "con los jugadores que pediste no podemos estar peleando por entrar a una copa nada más" o "para qué rompiste las bolas para que traigamos a ese jugador si juega menos que.." los dirigentes suelen iniciar sus diálogos que terminan con el pedido de renuncia.

En realidad, estuve pensando que el síndrome de la Fecha 14 también se aplica a otras realidades. Pienso que si nuestra vida fuera un campeonato entero, la juventud es un poco esa fecha 14. Es un momento donde nos planteamos el para qué estamos. Contrastamos aquello que buscábamos con lo que ahora perseguimos. También es un momento donde las respuestas hechas no nos terminan de convencer y nos generan sospechas de ser Lugares Comunes. Pasa que te preguntas dónde estarás en la fecha 19, pero apenas sabes dónde estas parado en esta fecha. Descubris un montón de cosas de tu equipo que no suponías o que no sabías que existían.

Algunos nos hablan de crisis; otros de cambios; otros de oportunidades y de desafíos.

El gran tema es cómo encarar las últimas fechas. Hay algunos equipos que deciden quemar los papeles y hacer un cambio radical. Otros que apuestan por la continuidad: "si así no nos fue tan mal, para qué cambiar". Otros cargan con una historia y una tradición tan pesada -y pensada- que ir en contra de ella sería el peor de los pecados.

Estoy convencido que solamente hay un tipo de respuesta que transforma a los equipos que atraviesan estas crisis en exitosos. No me refiero a un modo de pararse, sino al modo de encarar esta crisis/desafío/oportunidad o como le quieran decir. Los único que pasando este síndrome de la fecha 14 llegar a la 19 con el éxito son los que están más conectados con su propia originalidad ¿Qué es esto? La originalidad del equipo es aquello que es propio de sí mismo y que lo distingue de lo demás. No tiene ninguna valoración moral (en el sentido que no es algo que debería ser). Lo originalidad es lo que es, lo que está como en su adn. Entonces los exitosos son los que logran saber qué es lo que ese plantel de jugadores es, cuál es lo distintivo, cuáles son sus luces y cuáles son sus sombras. En función de eso es mucho más sencillo saber para qué esta, qué se aspira...


¿Y en la vida? Creo que la manera de superar este síndrome de la fecha 14 por el que todos mal que mal estamos pasando es también siendo fieles a nuestra originalidad y potenciándola en su máximo nivel. A aquello que somos, que hemos recibido y adoptado; a aquello que queremos; siendo coherentes con nuestra esencia. Y así el divertido, diviertiendo; el gracioso, haciendo reir; el generoso, dando; el pacífico, generando paz; el estudioso, estudiando.

El gran error es comprar recetas o fórmulas de otros. Eso seguramente nos pueda dar seguridad -mucha, muchísima-, pero difícilmente nos conduzca a una fecha 19 en el lugar de la tabla que quisiéramos.

Por eso, para redondear me entusiasmo y los entusiasmo a seguir siendo fieles a nuestra originalidad… con la claridad de que no es ni mejor ni peor que la de otros, pero que fundamentalmente es nuestra.

Bienvenida fecha 14. Vamos por la 19.

domingo 29 de mayo de 2011

No es el fútbol. Es la vida.

Ya sé que son muchos los que a cada rato intentan ver el fútbol más allá del partido. Incluso debo admitir que no me caen del todo bien. En definitiva siempre creí que el fútbol era el partido. Es decir que uno gana, que otro pierde, que unos hacen goles, que otros reciben, que unos esperan y salen de contra y que otros salen a apretar a fondo (pero después los aprietan enel fondo). Insisto para mi el fútbol fue siempre eso. Fue, como dicen en elbarrio, eso fue el fulbo o el fudbol.

Pero no. Estaba equivocado.

No quisiera que con esto se me acuse inútilmente de vende humo o de hacer fulbito para la tribuna. Este año, este cuatrimestre, caí en la cuenta que es mucho –muchísimo- más que eso. La nota final puede haber sido las lágrimas que salieron de los ojos de Tete y que claramente no podían resultar simplemente de los goles hechos, de los no recibidos y mucho menos de la táctica.

Hoy estuve pensando bastante qué es eso que tiene el fútbol que nos pone así. Pensé mucho en el fútbol y pensé bastante también en ustedes. Sin dudas da para escribir un libro o pensarlo en la vida entera, pero van algunos pensamientos que me surgieron de dicha reflexión.

Como primera cosa –y tal vez lo fundamental- hay que decir que el fútbolnos pone así porque está lleno de vida, porque no es sólo el fútbol sino quees la vida. Pocas cosas en nuestros días nos hacen vivir tan intensamente lo que es la vida. En pocos momentos nos sentimos tan vivos –en el buen sentido- como cuando estamos dentro de una cancha. Acostumbrados a un medio que nos adormece y nos brinda seguridades en infinitos lugares comunes, el fútbol rompe con todos.

Algunos me dirán que en el fútbol la vida se ve restringida por las posiciones. Quienes vieron jugar en Tannat a Chomps sabrán entender que todo es relativo de acuerdo a las circunstancias de juego. El marcador de punta llegaba al área rival. El delantero era capaz de jugar de cinco. Y todo podía romperse cuando quedábamos mal parados para alguna contra imprevista. Y la vida verdadera tiene mucho de eso: nos toca vivir en determinadas posiciones, pero está en uno jugársela en función de lo que siente más propio.

Lo que construye el fútbol es el juego asociado. Mal que nos pese todos somos fundamentales, pero no tanto por lo que somos en sí mismos sino por lo que cada uno es capaz de dar para el equipo. Es decir Tete, nadie lo duda, era un valor en la defensa. Pero su valor no es tanto en sí mismo sino cuando se daba para el equipo: cuando iba a atacar con esos cabezazos siempre peligrosos, cuando hacía la individual y servía goles (o no tanto), cuando marcaba con firmeza a cualquier delantero rival.

Y la vida tiene mucho de eso. Nuestro gran valor, todo lo que todos nosotros valemos, no se ve reflejado cuando está en potencia sino cuando todo lo bueno se pone en juego. Cuando el que es divertido, divierte… cuando elque es generoso entrega.

En consecuencia de lo anterior es muy lindo lo que se va generando. Alguna vez escuché nombrarla como solidaridad de destinos. Esto significa que cada uno va dando lo mejor de sí con ese objetivo. De esta manera, si alguno cae es sostenido por todos. Esta unión y esta solidaridad de destinos se va generando partido a partido cuando todos tenemos en claro hacia dónde vamos: ganar –primero obvio- y pasarla bien. Esta solidaridad de destinos termina generando algo tan fuerte que al final de cuentas todos nosotros nos sentimos un mismo ser. Estoy tan entrañable y fielmente unido a ellos, que desde dentro una voz me dice siempre: en ellos repercuten tu ser y tu vida, deciden su aflicción o acrecientan su dicha. Más aun, al final eso generado fue tan fuerte que todos queríamos jugar y ganar no solo por nosotros mismos sino también por aquel que estaba jugando con nosotros, noqueríamos fallarle.

Al margen de esto hay que decir que el objetivo en común no conduce al uniformismo. Es decir que el tener que ganar no hace que todos juguemos pateando la pelota y tirando pelotazos hacia arriba (al menos no debería ser así). Cada uno tiene su posición. Y más importante que su posición cada uno tiene un modo de ser o jugar particular o como escuché decir, una originalidad. Es desde esa propia originalidad en la que uno le es útil al equipo. Cuando uno es fiel al propio modo de jugar –con las habilidades y tropiezos lógicos- el resultado es más accesible y la plenitud es más amplia.

Desde el fondo me emocionaba verlo jugar a Juan y a la vez me daba graciala noción de sus limitaciones –a pesar de que se hiciera el distraído-. Su originalidad no lo iba a llevar a hacer un gol maradoniano (como sí le podía pasar a Sebas), pero sabía dónde tenía que estar para molestar y a partir de ahí generar algún tipo de peligro.

Con el siguiente párrafo entro en un terreno donde fácilmente me tildarán de alcahuete. El bebe claramente no es un estudioso del fútbol. Sin embargo poco importó y cumplió con su rol –su originalidad- de buena manera. Noeran sus palabras, ni sus indicaciones lo que daban resultado. Lo más valioso era su presencia, su entusiasmo, su entrega, su coraje que lo distinguían desde lejos -lejísimos- y nos animaban a seguirlo.

Es la vida. Los que marcan el camino no son tanto los que saben sino los que se juegan. Escuchamos decir mucho más “es un jugado” que “es un craneo”. Y no digo esto por menospreciar el conocimiento. Por el contrario son tiempos en que ya no se espera que se hable sino que se actúe. Desde ahí esdonde se moviliza a la gente.

En nuestra corta historia de vida las camisetas fueron un tema. Al fin de cuentas Juan terminó haciendo lo que pudo y tuvimos nuestras camisetas. Noconformes con eso en más de una oportunidad tuvimos un buen plan b de lamano de las remeras del equipo de Mario Lobo y “petete” Trimarchi. Aun asíno pudimos evitar ponernos pecheras de dudoso gusto. Sin embargo lo que más jodía era el no poder lucir la gloriosa roja.

Y en la vida está bueno preguntarse con qué camiseta estamos jugando. Para qué lado pateamos. Quiénes están vestidos como nosotros. En la vida ladivisión rival/compañero es poco clara y por eso la confusión y la soledad noson tan poco frecuentes. Todos necesitamos saber contra quién jugamos y qué colores defendemos.

Termino con la sensación de que la proporción del texto no se corresponde con la cantidad de partidos. Fueron once partidos o en realidad diez. Sin embargo algo nos queda y sin exagerar creo que son muchas las cosas de este Tannat que nos quedarán de por vida. Al menos una sensación, una anécdota, un gol, un comentario, una previa…

De igual modo en la vida sabemos que nuestra vida, la cantidad de años que vivamos, serán muy pocos pensando en la cantidad de años que existen y existirán. Pero algo va a quedar o algo puede quedar. Si se terminara ahora el campeonato de nuestras vidas, ¿qué recuerdo dejaríamos? ¿De qué manera trascenderíamos?

Qué equivocado estaba. No es el fútbol. Es la vida. Solo que vivida y jugada en una cancha con amigos.