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Una fenomenología de la Alegría (o mi resumen de la Mision MTA 2014-2015)

Mirar desde la alegría En la celebración del año nuevo entre todas las comunidades, en la centenaria escuela de General Campos, el p. Facu terminaba sus palabras con un acto de sinceridad y casi una declaración de principios: afirmar no tener idea qué es la alegría. Lo que en su momento fue simpático, para mí termina siendo una clave de interpretación de MTA. Es sabido, MTA -y mi MTA- puede leerse desde distintas ópticas. Yo elijo esta de la alegría. Así es posible compartir MTA desde las distintas alegrías que viví y -especialmente en mi nuevo lugar de seminarista- pude ser testigo. Mirar desde la alegría puede ser un poco chocante para fenómenos religiosos de este calibre. A menudo me da la sensación que hablar de la alegría es visto como una superficialidad. Desde distintas tribunas conservadoras me dirán que el vínculo con Dios no se sostiene desde la alegría sino desde el compromiso, la doctrina, la búsqueda de verdad y la responsabilidad. Los conozco. Yo también alguna ve...

Con E de encuentro

Al Dabi no existe, pero ubiquémosla dentro del mundo, cerca de Dubai donde gobiernan los petrodólares. Le podemos agregar medio millón de habitantes viviendo en el centro de su ciudad en las torres de edificios espejados. A esa cantidad de habitantes sumemos otra cantidad igual que llega desde las periferias. Algunos vienen desde lujosos condominios y otros desde poblaciones mucho más sencillas. Todos pasan el día en Al Dabi hasta regresar a sus casas. Más precisamente lo pasan en esas inmensas torres de edificio que tiene hasta lugar para almorzar y descansar. Tan así es que uno podría decir que ellos no viven en Al Dabi sino que viven en las empresas donde trabajan ¿Sería muy duro decir que vida y trabajo son sinónimos? La historia de Al Dabi es la de muchos y se justifica de un modo excelente con E de éxito. El problema que tienen a futuro los habitantes de Al Dabi es poder desplazarse; se sabe, cada vez hay más vehículos y personas que espacios para transitar. Para peor sus h...

Amar la trama

"Amar la trama más que el desenlace" Drexler. "La reducción consiste en la inhibición de los principios objetivos de la conciencia irreflexiva" Husserl

Desde el cuarto piso veo la copa de los árboles.

Foto: Gabriel Oberle Veo tus raíces y tu fruto. Te reconozco firme, impenetrable. No hay posibilidad de muerte; vida, misterio tan insondable. Más arriba hay bifurcaciones, luces, sombras, vacíos y sequedad. No son cambios, son opciones. Y Heidegger (me) habla de aperturidad. Dejame ver tus ramas. Mostrate inconsistente, debil, fragil. ¿Puedes árbol capturar almas? Viéndote a ti, me descubro a mí. Te miro desde arriba no por altanero. Cambias tu forma y tu tamaño. Desde la altura hay un sentido nuevo; y me invitas a mirar a otro lado. Tal vez Martín tenga razón y sea mi "dasein" que me desacomoda. Decile como quieras, pero es mi corazón abrasante el sol tuyo me convoca. Pero sin raíces ni tierra, sin tronco ni ramas; pero sin muerte ni guerras, ¿podría saber que me amas? Al final todo parece mostrar lo mismo. No es una verdad ni una idea. Es invitación a vivir en otro ritmo, reconociendo al Dios que se ...

Sopaipilla

Los reencuentros escolares siempre son peligrosos para mí; o - como mínimo- amenazantes. Más aun cuando el reencuentro se da después de veinte años que incluyeron la mudanza circunstancial al país vecino del mate y dulce de leche. Claramente desde que llegué anoche a la cita de celebración por los veinte años de graduados de mi generación del colegio inglés supe que podría ser objeto de crítica o burla como siempre lo había sido en aquellos años. Los psicólogos hoy hablarían de bullyng; para mí sólo había sido un aprendizaje para las complejidades de la vida. Realmente haber superado los doce años en el colegio inglés sin haber jugado al rugby por preferir las matemáticas y el fútbol, fue la mejor preparación para hacer mis estudios universitarios y de posgrado en Argentina y –especialmente- con argentinos. En honor a la verdad, igual debo decir que los argentinos no son tan malos; es más: ahora puedo creerles que son los mejores del mundo.  Ironías aparte, hubo algo de anoch...