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10 cosas que hay en el ropero de mi baño

Un lugar comun es... llenar el ropero del baño con boludeces En toda familia hay espacios comunes, y como suele ocurrir con todos los lugares comunes, no son estos los más cuidados. Así paso con el ropero del baño. Anoche, antes de irme a dormir quedé perplejo al ver la variedad de productos que se concentran en un espacio. Les propongo una lista de 10 y ustedes me dirán cuan comunes son: 1. Remedio en crema para curar los granos de mi hermano puber que es el mismo que usamos todos cuando atravesamos esa gloriosa etapa. 2. Remedio en pastillas para curar los grandes de mi hermano puber que tiene la particularidad de ser transparente y lleno de bolitas amarillas (el remedio, no mi hermano). 3. Vinchas, aros y flores de cuando el baño de varones era de mujeres; es que como en toda buena familia se fueron casando las nenas y en ese momento los nenes decidimos avanzar. 4. Cuestión que usaba mi hermano a la noche para no limarse los dientes y que desde hace años ya no usa (y que por otro la...

Reflexiones de un hombre bajo la lluvia

Un lugar comun es... ante la lluvia todos pensamos lo mismo Anoche, mientras caminaba hacia el primer rodaje de una misión que promete, me agarró la lluvia. Y ahí nomás la primera pregunta existencia: ¿sigo caminando a paso normal o corro? Entre los que defienden la primera postura están los que no pueden correr y los que son más cerebrales y entonces saben que caminando más lento van a poder elegir el camino menos mojado. Entre los segundos están los que aplicando una lógica cuasi matemática sostienen que a menor tiempo bajo la lluvia, menos probabilidad de mojarnos tendremos. En este caso particular me incliné por la primera opción. Si no hubiera estado en la calle tendría que haber afrontado otro gran dilema: ¿cuál es la mejor vestimenta para enfrentar los avatares del clima? Están los defensores de taparse hasta donde se puede. Para eso recurren a las botas de goma, impermeable con capucha y paraguas. Otros más valientes le dan el cuerpo a la lluvia con la idea clara de que el moja...

10 momentos en que Papá se siente orgulloso de mí.

1. Cuando estaciono y dejo las ruedas paralelas. 2. Cuando voy a trabajar con los zapatos lustrados. 3. Cuando uso la camisa con el botón de arriba abrochado. 4. Cuando soy amable con las personas que llaman a casa para hablar con él. 5. Cuando después de los veinte minutos que está contando algo me sigo interesando por su relato y le hago preguntas. 6. Cuando lo cito a él directa o indirectamente en anécdotas o reflexiones. 7. Cuando salgo a remar por el río Tigre y puedo girar las palas. 8. Cuando le presto mi credencial para que pueda estacionar en mi estacionamiento. 9. Cuando estoy metido en alguna interna y defiendo mis postulados con argumentos. 10. Cuando me levanto temprano y de buen humor.

El último mate

Caminamos con la matera al hombro a paso lento por la rambla. Las palabras se transforman en monosílabas. El viento se hace suave. Y el sol se empeña en anunciar que es el final. Los colores del cielo toman toda la paleta de los rojos. La gente va dejando la playa cargando reposeras y heladeras con sándwiches que todos siempre comimos. Él se lo ve más tenso que de costumbre. Repitiendo la frase que me solía decir, le susurro: “relajala”. Él agradece el consejo, pero reconoce motivos para estar así. Dejar atrás la ciudad de Mar del Plata para irse a estudiar a Buenos Aires era motivo no sólo de tensión sino de un cagazo bárbaro ¿Cómo puede estar un borrego de 17 años, a mediados del mes de febrero cuando se está por ir a vivir sólo en Buenos Aires para estudiar ingeniería química? Es verdad tenía razones para estar así, pero yo trataba de despreocuparlo. Le digo que seguramente se haga buenos amigos, le digo que las distancias con los avances de la tecnología y el transporte se acortaro...

Domingo, día del Señor

Un lugar comun es... ¿entenderá usted de qué se trata? La resaca me saca rápidamente de la cama. Después de una noche dura la mañana es peor. Me miro en el espejo y trato de acomodarme el pelo; el esfuerzo es inútil. Ya en la ducha dejo caer el agua fría mientras reconstruyo lo que había pasado la noche anterior. Muchas lagunas. Demasiados actos sin poder completarse. Para no ponerme mal, cierro las canillas y me lavo los dientes (¿la gente común se lava los dientes antes o después de bañarse?). De vuelta en el cuarto levanto a Ludmila de la cama con un beso en la mejilla. Ella se levanta algo turbada. Estaba más linda que nunca. El pelo está prolijamente desordenado. Los ojos muestran un delineador corrido que exaltan aun más sus negros ojos y su cuello tiene rastros de nuestra aventura de la noche anterior. Después de mucho tiempo no habíamos cogido; habíamos hecho el amor. Se le nota en su cara y en su boca que tiene el mismo mal aliento de cualquier recién levantada, pero con ...