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El día que me hice de Olimpia

"No se es cristiano por una decisión ética 
o una grande idea, 
sino por el encuentro..." Benedicto XVI

Hay decisiones que se desprenden de una reflexión o de un razonamiento. Son decisiones, como aprendimos en estos días con el p. Oscar Saldivar, razonables. Otras no tienen nada de eso y son las decisiones más impulsivas, más afectadas por los sentimientos, por el corazón. Yo creo que las grandes decisiones de la vida mezclan las dos en partes parecidas. Tal vez sea porque las grandes decisiones de vida envuelven a la persona entera. Pienso, por ejemplo, en la decisión de entrar a la vida consagrada. La vocación tiene mucho de eso y la decisión que responde a eso más aún.

Toda esa introducción poco aterrizada me sirve para hablar del día en que me hice de Olimpia. Como decía, en las grandes decisiones de vida actúa la razón y el corazón. Como muchas veces en mi vida primero fue la razón. Así fue como después de hacerme amigo de Palen González –el coprotagonista de la historia- se empezó a forjar la decisión. Fue en marzo de 2011 cuando nos conocimos por Internet en calidad de posibles postulantes. Ahí, un poco por culpa mía y otro tanto por la suya, el fútbol fue motor de nuestra amistad. Me dijo que él era de Olimpia. A mí me pareció prematuro tomar una decisión, pero un poco empecé a simpatizar. En el medio se cruzó un desconocido Sol de América, pero como tenía a Enzo Prono –amigo de Palen- en sus filas un poco me interesó. Duró poco ese amor hasta que, creo que ya como postulante oficial me pareció razonable hacerme de Olimpia. Palen, viejo zorro, me dio un argumento razonable: “si sos del Rey de Copas de Argentina, tenes que ser del Rey de Copas de Paraguay”. Me pareció razonable y acepté. A eso le siguió un inolvidable partido de Olimpia contra Libertad, unos más de Copa (obvio que Libertadores) y fundamentalmente una camiseta franjeada que era del propio Palen. Obviamente a todo esto él ya era de Independiente y tenía su camiseta, aunque menos original y mucho más mau.

Esto fue solo el primer capítulo, porque como se dijo, las grandes decisiones de vida no son solamente de la razón. Así me ocurrió con Olimpia. Hubo un momento en que nos encontramos, nos miramos, me salieron lágrimas en los ojos y nos juramos amor eterno. Desde ese día la decisión tomó categoría de decisión de vida. Por eso la alegría se comparte con los de siempre, obvio que Palen, y con muchos más. En este caso fueron muchísimos más, decenas de miles congregados en un mismo estadio, por una misma decisión renovada que había calado en el corazón. No se da en el aire sino en la fuerza del encuentro. Fue un 3 de julio de 2013. Olimpia con más ganas que fútbol llegaba a semifinal de la Copa Libertadores –el mejor torneo del mundo- contra un ignoto Independiente de Santa Fe cuyo abanderado era el aún más ignoto “Bocha” Pérez. Por gentileza de Enzo conseguimos entradas en preferencia. Llegamos sobre la hora y me encontré con un defensores colmado que practicaba con cartulinas un recibimiento impactante. Participamos de los ensayos aunque también nos permitíamos contemplar el espectáculo. Salieron los jugadores a la cancha y ahí algo me pasó. Ni contarles cuando empezó el partido. Me vi totalmente involucrado. Por eso fue obvio que al llegar los goles nos abrazáramos los cuatro: Palen, su viejo y su hermano. El triunfo final me emocionó. Una foto, esta foto, inmortalizó el momento. En medio una sensación nueva: “¡la pucha soy de Olimpia de verdad!” No hizo falta que Enzo hiciera su gol en los pocos minutos que jugó y no consiguió por una tremenda intervención del arquero. Había otra cosa menos razonable. La decisión estaba tomada.




Como cuando el p. Juan Pablo me dijo que había sido aceptado, un mismo “¡la pucha!” y la confirmación de que las decisiones de vida no se toman por una decisión ética o moral sino por la experiencia de un encuentro. Y a mi ese encuentro me cambió la vida.

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